Las huellas en la arena
Una noche en sueños vi
que con Jesús caminaba
junto a la orilla del mar
bajo una luna plateada
Soñé que veía en los cielos
mi vida representada,
en una serie de escenas
que en silencio contemplaba
Dos pares de firmes huellas
en la arena iban quedando
mientras con Jesús andaba,
como amigos conversando
Miraba atento esas huellas
reflejadas en el cielo
pero algo extraño observé
y sentí gran desconsuelo
Observé que algunas veces
al reparar en las huellas
en vez de ver los dos pares
veía sólo un par de ellas
Y observaba también yo
que aquel solo par de huellas
se advertía mayormente
en mis noches sin estrellas,
En las horas de mi vida
llenas de angustia y tristeza
cuando el alma necesita
más consuelo y fortaleza
Pregunté triste a Jesús:
“Señor, ¿Tú no has prometido
que en mis horas de aflicción
siempre andarías conmigo?
Pero noto con tristeza
que en medio de mis querellas
cuando más siento el sufrir
veo sólo un par de huellas
¿Dónde están las otras dos
que indican Tu compañía
cuando la tormenta azota
sin piedad la vida mía?
Y Jesús me contestó
con ternura y compasión:
“Escucha bien, hijo mío,
comprendo tu confusión.
Siempre te amé y te amaré,
y en tus horas de dolor
siempre a tu lado estaré
para mostrarte mi amor
Mas si sólo ves dos huellas
en la arena al caminar,
y no ves las otras dos
que se debieran notar
Es que en tu hora afligida
cuando flaquean tus pasos,
no hay huellas de tus pisadas
porque te llevo en mis brazos
¡Tómelo con buen humor!
La luna resplandecía y el sol;
con sus dorados rayos,
iluminaba la faz de la Tierra
Y yo... solo,
con tres de mis compañeros,
caminábamos sentados
sobre una piedra de madera
Y a la luz
de una vela apagada
contemplábamos el cadáver
de un ser que aún vivía
Un ciego escribía
lo que un mudo le decía,
y sordo lo escuchaba
para contarlo otro día
Mientras tanto,
un hombre sin pies corría
a preguntar si era de noche...
o era de día
(Aplausos).
¡Tómelo con buen humor!
Las Vocales
Seguramente más de alguno estará de acuerdo conmigo en que las vocales nacieron junto con el fuego -¡Ah! y muy importante-, en español.
Obviamente, el hombre aún no había inventado el lenguaje –a excepción de el de señas para comunicarse-. Todo sucedió así:
Lo más probable es que un par de cavernícolas hubieran andado de cacería, cuando de pronto un rayo cayó cerca de ellos provocando una pequeña llama, lo cual los hizo exclamar con admiración: ¡A!
(Deben recordar que la “h” tampoco se había inventado para añadirla y demostrar sorpresa).
Uno de ellos, seguramente extrañado, (imagino yo); rascándose la cabeza, dijo: ¿E? (También sin “h”).
Su compañero, que desconocía por completo las bondades de este elemento, trató de tocarlo y al quemarse, gritó: ¡I...! (Supongo que hubiera querido gritar: “inga tu... ), bueno, ustedes me entienden.
Su amigo, aún confundido y asombrado, debió haber exclamado: ¡O!
El que se había quemado, señalando a su acompañante, le debe haber dicho: ¡U!, dándole a entender que también lo tocara. A lo que el otro, que era un poco más listo, contestó: ¡Ah!, Quieres que también me queme, ¿verdad?
¡No Desistas!
como a veces suelen ir
cuando ofrezca tu camino
solo cuestas que subir
Cuando tengas poco haber
pero mucho que pagar
y precises sonreír
aún teniendo que llorar
Cuando ya el dolor te agobie
y no puedas ya sufrir,
descansar acaso debes
pero nunca desistir
Tras las sombras de la duda
ya plateadas, ya sombrías,
puede bien surgir el triunfo
y no el fracaso que temías
Y no es dable a tu ignorancia
figurarse cuán cercano
puede estar el bien que anhelas
y que juzgas tan lejano
¡Lucha, lucha! pues por más
que tengas en la brega que sufrir,
cuando todo esté peor
más debemos insistir
Cuando vayan mal las cosas,
como a veces suelen ir
cuando ofrezca tu camino
solo cuestas que subir
Cuando ya el dolor te agobie
y no puedas ya sufrir,
descansar acaso debes
... ¡pero nunca desistir!
Rudyard Kipling.
Frases
Haz lo que amas, porque así amarás lo que haces
La llamada telefónica
En horas de la madrugada sonó el teléfono de aquel rico señor. Era el velador de su casa de campo. Dice el hombre: “Le llamo para avisarle que el perico se murió”…
Se enoja el señor: “Cabrísimo grandón -le reclama- , ¿y para eso me despiertas a las 3 de la mañana. En fin, dime: ¿de qué murió el perico?”. Responde el que llamaba: “Comió carne en mal estado”. “¿Por qué comió esa carne?” -quiere saber el señor. Explica el individuo: “Es que fue al lugar donde estaba muerto su caballo pura sangre, señor; aquel que le costó medio millón de dólares. El pobre animal murió de cansancio. “¡Santo cielo! -exclama el hombre aún más enojado- ¿Pero a quién se le ocurrió poner a trabajar al animal?” “Es que lo pusimos a acarrear agua desde el río para apagar el incendio. -Se disculpa el hombre. “¿Qué incendio? - pregunta ya alarmado el señor. “El de su casa”. “¿El de mi casa? ¿Y cómo es que se quemó mi casa? -quiere saber el señor. “Fue por una vela”. “¿Por una vela? ¿Qué vela? -se desespera el señor. Replica el guardia: “Una de las que estaban en el ataúd de su mamá. La señora murió de repente, y la estábamos velando. La vela cayó sobre la alfombra y ardió todo”. “¡Oh, Dios mío! -estalla en grandes y dolorosos sollozos el señor -. ¡Qué pena tan grande! ¡Qué dolor! ¡Qué sufrimiento!”. “¡Uh, señor, -reprocha el individuo- de haber sabido que haría usted tanto escándalo, no le habría hablado para avisarle que se murió el perico!”.